6 de agosto de 2007

Corrupción del poder y el derecho (I)


George Orwell
Rebelión en la Granja [Animal Farm

Selección de Alejandro Vergara Blanco



El señor Jones, propietario de la Granja Manor, cerró esa noche los gallineros, pero, borracho como estaba no se percató de haber dejado abiertas las ventanillas. / No bien se hubo apagado la luz del dormitorio, la granja sufrió un alboroto general. Se había corrido el rumor durante el día de que el Viejo Mayor, el reproductor porcino premiado, quería hablar a los demás animales de un raro sueño que había tenido en la noche precedente.

Se acordó, entonces, realizar una reunión en el granero principal. Mayor estaba alumbrado por una linterna. Llegaron los otros animales buscando un lugar donde acomodarse. [los tres perros, después los cerdos; las gallinas fueron hacia el hueco en las ventanas, las palomas en las vigas; las ovejas; los caballos de tiro; la cabra blanca; el burro; los patos; la yegua blanca; la gata; sólo un ausente: el cuervo, dormido plácidamente]

Mayor comenzó a hablarles:
- Camaradas: están enterados ya del singular sueño que tuve anoche. Hablaré luego de todo eso. Antes debo decir otra cosa. No creo, camaradas, que permanezca mucho tiempo más entre ustedes y antes de morir considero un deber transmitirles la experiencia que coseché. Habiendo vivido tantos años, tuve tiempo suficiente para pensar serenamente mientras estuve a solas en mi pocilga y me atrevo a afirmar que he comprendido el sentido de la vida en éste, nuestro mundo, como creo puede hacerlo todo otro animal viviente y deseo hablarles de todas estas cosas. / “Camaradas: La razón última de todas nuestras penurias se explica con una única palabra: el Hombre. Él es el único enemigo real que enfrentamos. / ¿Cuál es entonces la tarea a realizar? ¡Trabajar noche y día, en cuerpo y alma para derrotar a la especie humana! A eso apunta mi mensaje, camaradas: ¡Rebelión! / Todos los animales son camaradas”.

Tres noches después, el Viejo Mayor murió plácidamente en su lecho de paja. / Durante los meses siguientes se produjo una intensa actividad secreta. A los animales más inteligentes de la granja, el discurso de Mayor les había provocado un fuerte impacto haciéndolos ver los hechos de la vida desde una óptica absolutamente nueva. Si bien  desconocían cuándo habría de suceder la Rebelión, pensaban que su deber era estar preparados para ella. La función de enseñar y organizar a todos fue la tarea natural de los cerdos, dado que se les reconocía como los más dotados de inteligencia entre los animales. Entre ellos eran representantes prominentes dos ejemplares: Snowball y Napoleón.

Así fue que la rebelión se llevó a cabo y con menos dificultades de lo que hubieran esperado. / La noche de San Juan el señor Jones se emborrachó. Los peones se largaron olvidando que los animales no habían recibido su ración de comida; llegó el anochecer y los animales aún no habían comido. El hambre los enfureció y no resistiendo ya, se rebelaron. La puerta del depósito de forrajes fue rota a cornadas. Jones llamó a cuatro peones que, armados de látigos comenzaron a azotar sin consideración a cuanto animal se cruzara en su camino. / La imprevista insurrección de bestias a las que estaban acostumbrados a golpear y maltratar a su absoluto arbitrio los amedrentó de manera de casi hacerles perder la cabeza. En poco tiempo, abandonando su intento de defenderse debieron escapar. La señora Jones huyó de la granja tomando otro camino. / Los animales persiguieron a Jones y sus peones hasta la carretera y, apenas salieron, cerraron violentamente el portón a sus espaldas con lo que, casi sin que se percataran de lo sucedido, la rebelión triunfó en toda la línea. Jones había sido expulsado y el control de la “Granja Manor” estaba, ahora, en sus manos.

Pasaron algunos minutos y aún los animales no acababan de entender lo que había ocurrido. Por eso su primer acto consistió en recorrer juntos los límites de la granja, bordeándola.

-Camaradas – dijo Snowball- hay un asunto que debemos resolver primero. Tachó el letrero “Granja Manor” y en su reemplazo escribió “Granja Animal”. / Junto a Napoleón, explicaron que, tras sus estudios de los últimos tres meses, lograron reducir los principios del Animalismo a sólo siete Mandamientos. / Éstos iban a ser inscritos en la pared; para recordarles que serían la ley inalterable por la cual deberían regir su conducta de aquí en más, todos los animales de la “Granja Animal”.




[Publicado en La Semana Jurídica, Nº 352, 6 de Agosto de 2007]